miércoles, 7 de octubre de 2015

Hackeando nuestro cuerpo para el sexo


¿Podemos hackear nuestro cuerpo? ¿Mejorarlo o engañar a nuestros órganos vitales para que lleven a cabo funciones para las que no han sido diseñados? Ese es el objetivo del biohacking, una moda en auge que cada vez tiene más adeptos.
El biohacking aspira a diseñar dispositivos, implantables quirúrgicamente en nuestro cuerpo, para mejorar diferentes aspectos de su funcionamiento. Hay gente que lleva implantados bajo la piel chips para abrir cerraduras, o para identificarse vía NFC.
Dentro de esta nueva rama del saber, los implantes sexuales son una de las variantes más polémicas, porque afectan a la pareja, y no sólo a aquel que se los ha implantado.

Desde hace siglos la Humanidad ha ideado todo tipo de sistemas para potenciar su vida sexual, desde las comidas exóticas como las ostras, a mitos como el polvo de cuerno de rinoceronte. O la Viagra. Pero todos ellos son remedios temporales, que pierden su efecto con el tiempo. ¿Y si pudiésemos implantarnos un dispositivo sexual que funcionase para siempre?
Lo último en biohacking sexual se llama Lovetron9000, un pequeño motor que se implanta quirúrjicamente debajo del hueso púbico de un hombre, provocando un efecto vibratorio durante la erección que supuestamente produce mayor placer durante el acto sexual, tanto al hombre como a la mujer:
Biohacking: implantes sexuales 
 
Su creador, Rich Lee, es un activista del Biohacking, un firme defensor del concepto del transhumano: el siguiente paso evolutivo de la Humanidad, ayudada por la tecnología. Rich Lee pertenece a un rama aún más extrema de los biohackers, que se hacen llamar grinders: personas que crean sus propios implantes y los prueban en su cuerpo, sin esperar a los correspondientes permisos médicos. Cuando le diagnosticaron que podría perder la visión a largo plazo, Rich Lee se implantó unos imanes transmisores de sonido en los oídos, para intentan emular la capacidad de los murciélagos de "ver" en la oscuridad.

Lee está convencido de que su Lovetron9000 podría tener mucha demanda, si consigue fabricar una versión viable y segura. A fin de cuentas, afirma, ya existen implantes sexuales desde hace décadas, como los pechos de silicona, que muchas mujeres se implantan para mejorar su vida sexual, en contraposición a aquellas que lo hacen por una enfermedad o un complejo.

Cuestionado por la web Click Here! sobre la disposición de un hombre a implantarse quirúrjicamente un motor bajo el hueso del pubis, de nuevo insiste en que ya existen desde hace tiempo implantes de pene que consisten en dos cilindros que se inflan para producir una erección, en caso de disfunción eréctil. Pero una cosa son los implantes asociados a una enfermedad o disfunción, y otra muy diferente pasar por el quirófano para aumentar el placer sexual.

Rich Lee asegura que ha probado el Lovetron9000 de forma externa, y funciona a la perfección. Sin embargo reconoce que aún tiene que mejorarlo mucho y superar muchas pruebas para implantarlo internamente, algo que piensa probar él mismo.

Incluso dentro de la comunidad de biohackers, hay muchos miembros que están en contra de estas prácticas tan extremas. Desde un punto de vista médico cualquier implante interno que no esté hecho al 100% de silicona o titanio será rechazado por el cuerpo, provocando infecciones y deformaciones en los miembros afectados. Teniendo en cuenta que el Lovetron9000 tiene un motor con piezas móviles, cualquier pequeño fallo o rotura podría provocar un serio peligro para la salud.

Cory Toby, biólogo diplomado y miembro de la comunidad de biohackers de Los Ángeles, lo tiene muy claro: "Aquellos que llevan a cabo biohacking sexual pertenecen a dos categorías: implantes que no producen mucha mejora sobre lo establecido actualmente, o tonterías descabelladas de gente que no tiene ni idea de biología, o de ciencia".

De hecho, no hace falta recurrir a la cirugía para conseguir efectos similares a los que propone el Lovetron9000. Ya existen piercings vibratorios que se colocan en los genitales y producen el mismo efecto, aunque no tan acusado.
Quizá pueda parecer una locura digna de un friki, pero nadie puede poner en duda el éxito actual de los wearables. A los humanos nos gusta llevar chips cerca de los oídos, en la muñeca, junto a los ojos, en cualquier lugar sobre nuestro cuerpo. Un estudio llevado a cabo por Click Here! indica que al 25% de los menores de 40 años no les importaría usar un dispositivo wearable en la cama, si les ayuda a tener mejor sexo.
  

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